La primera mancha de color al entrar en BBAA fue una masa azul suspendida en un espacio de papel blanco. Mi proyecto final de carrera hablaba sobre lo primigenio de la mirada de las nubes en el mundo del arte contemporáneo. Con Cernuda conseguí pigmentarlas de azul ultramar sobre hojas de Debe-haber-Saldo, rayadas como lluvia japonesa.

Una noche juraría que dormí abrazada a una nube blanca en mi pequeña cama de noventa, abrazar-contornear con la mayor delicadeza para no crear una tormenta de Abril. Chantal, la que siempre me advierte, me susurró entre “Hilos”:

-Luisa, “toda nube lleva su trayectoria. Asumir la trayectoria.”